En el capítulo 4 del libro
Ciencia social y análisis económico: estudios en homenaje al profesor Valentín
Andrés Álvarez (1978), nos hace una reflexión acerca de un nuevo ser que
aparece en nuestra sociedad, el llamado Homo Oeconomicus. Esta persona se
caracteriza por la carencia de sentimientos, pasiones o alteraciones en la personalidad, ante los hechos que van
sucediendo en su vida, es decir, es un individuo perfectamente eficiente y que
piensa en todo momento como obtener la
mayor utilidad con el menor coste posible.
Esta visión del individuo humano, hizo que los teóricos expertos en economía, que crearon la teoría neoclásica, nos
viesen así para poder llevar a cabo sus teoremas con una mayor precisión, pero
con el inconveniente de que esto no se asemejaba al mundo real.
Esta oposición de visiones entre el mundo real y
teórico acerca de la economía y de los individuos que la componen, es la
principal crítica que se hace en este
texto, ya que las personas poseemos inquietudes, pasiones y deseos muy
heterogéneos, que hacen que la predicción de las decisiones no sea exacta, esto
sirve para corroborar que la decisión
más eficiente no siempre es la que más utilidad nos aporta.
Además para que estos modelos
funcionasen correctamente, confirmaban que los individuos eran perfectamente
libres de decidir en su toma decisión, pero realmente es así? Personalmente no
lo tengo tan claro, porque si estas sujeto a una restricción presupuestaria, o si del bien del que estamos
hablando, está en una situación de monopolio, poca libertad de elección podemos
tener.
Ante esta situación os planteo
las siguientes cuestiones: ¿Creéis que realmente somos máquinas que eligen la
mejor opción, o por el contrario nos movemos por impulsos? Es el mercado para
vosotros el mejor asignador de recursos que existe? ¿Qué papel pinta aquí el
estado?






